Los tiempos cambiaron: ¿Te está costando adaptarte?

Te cuento que hace poco me llamó una persona joven con la que había trabajado algunos años atrás. Me dijo que tenía problemas de sueño, que estaba yendo a terapia psicológica porque tenía severos cuadros de ansiedad y que realmente estaba muy desconcertada con lo que le estaba sucediendo: Nunca antes había experimentado situaciones semejantes y sentía que el tema estaba empezando a afectar su desempeño en el trabajo.

Y en realidad su caso no es tan raro. Si hacemos un recuento de los últimos dos años (o poco menos) es fácil darse cuenta de que en toda nuestra vida no cambiaron tantas cosas en un lapso tan corto, nunca… Y para que esta declaración sea cierta no importa la edad que tengas. Lo que previamente hacías de un modo ahora funciona de otro.

El gran problema derivado de esta situación es que a muchos de nosotros el cambio nos ha afectado de manera negativa: Se han incrementado los cuadros de ansiedad, el insomnio campea, los dolores de espalda se agudizan y una profunda sensación de aburrimiento nos colma.

¿Por qué nos cuesta adaptarnos a los cambios?

Porque nuestra mente es esencialmente reacia a lo nuevo. Prefiere los terrenos conocidos, porque ahorra energía al aplicar viejas soluciones a los problemas diarios, sin tener que dedicarse a pensar en nuevas formas de actuar. Es por ello que cada nueva situación que se nos presenta, nos ocasiona un cuadro generalizado de enorme dificultad para aceptar que algo realmente ha cambiado.

Y resulta que desde inicios del 2020, la vida nos cambió mucho, a todos. Y es muy probable además que el regreso a la manera como vivíamos antes, tarde mucho en volver o quizás no vuelva.

El uso generalizado (aunque no enteramente aceptado) de cubrebocas, trabajo desde casa, lugares públicos de alta concurrencia limitados, reducción de la frecuencia con los familiares, aislamiento, preocupación constante por contraer enfermedades, perdida de ingresos, cierre de empresas, desempleo. Todos estos y otros son consecuencias de la situación que vivimos.

Pero lo más complicado no es eso, es lo que hace nuestra mente al momento de interpretar lo que está ocurriendo y darnos ideas para mejor enfrentar la situación.

En efecto, por la razón que ya mencionamos, esa dificultad mental que tenemos para aceptar los cambios como primer paso para adaptarnos a ellos y seguir adelante, es la principal causante de los altos niveles de ansiedad y estrés que muchas personas estamos atravesando en tiempos recientes. Estudios especializados han demostrado recientemente que hay una alta prevalencia de desórdenes mentales tales como depresión, ansiedad y estrés como consecuencia de la crisis sanitaria y ello es enteramente comprensible. La situación es realmente complicada para muchos.

Pero ello no quiere decir que muchos de nosotros no podamos tomar medidas tempranas para tratar de minimizar los impactos negativos de la situación y es sobre eso que quiero hablarte en esta entrada de blog.

¿Como manejar mejor el cambio?

El libro de M.J. Ryan “Cómo afrontar los cambios inesperados” me ha sido de suma utilidad para enfrentar mejor la enorme variación del modo como estábamos acostumbrados a vivir antes de la crisis. La autora propone un plan muy completo que incluye 4 pasos y en cada paso, una serie de consejos de gran valor para ayudarnos a enfrentarnos a esta inevitable característica de la vida que nos ha tocado vivir: Un cambio incesante y cada vez más acelerado.

Los cuatro pasos en cuestión vale la pena mencionarlos como para estar en contexto, aun cuando en esta entrada no nos dedicaremos a describirlos en detalle. Aquí te van: Paso 1: Ser capaz de aceptar el cambio; Paso 2: Expandir tus opciones para adaptarte; Paso 3: Pon manos a la obra y Paso 4: Entrena tu adaptabilidad.

Lo que su haremos en este blog es dedicarnos a ver en mayor detalle cuáles son en mi opinión los consejos más valiosos de M.J.Ryan respecto del primero de los pasos, que resulta fundamental para que las etapas siguientes de nuestro proceso de adaptación al cambio funcione adecuadamente.

En términos generales es muy importante mencionar aquí que la primera reacción absolutamente natural ante situaciones de cambio violento es la negación. Esto es casi una ley natural. Tan pronto llegan los cambios, nuestra mente empieza a recitarnos frases como: “Esto no es junto”; “No tengo la energía suficiente para enfrentarme con esto”, “No es lo que yo tenía en mente”; “No es lo que me merezco” entre otras similares. Con ello, nuestro cerebro no quiere decir algo como “No sé cómo adaptarme a esto y me irrita mucho tener que adaptarme”. Este conjunto de afirmaciones y las emociones asociadas a ellas son altamente contraproducentes, pues nos mantienen estacionados en un lugar en donde ya no es conveniente que nos quedemos.

En lugar de pensar de este modo, es mucho más saludable que hagamos un esfuerzo por comprender adecuadamente el punto donde estamos parados, que es lo que ha ocurrido y como podemos enfrentar esta nueva coyuntura. Para estos fines, debemos en primer lugar mantener a raya nuestras emociones, sin importar lo intensas que se sientan en el momento, y enfocarnos decididamente en recopilar y analizar adecuadamente los hechos en torno a los hechos que estamos enfrentando.

Acopiar información para aceptar el cambio

Toma nota de algunos de los consejos que nos da el libro de M. J. Ryan para manejar mejor esta crucial fase de aceptación de los cambios:

Rigurosidad en el acopio de información

Compórtate tal como lo haría un periodista, observando desapasionadamente lo que está sucediendo y guardando información sobre causas y efectos. Ten en cuenta que cada uno de nosotros elabora su propia conceptualización de la realidad, la que esta basada en las reglas, preconceptos y conclusiones que cada uno de nosotros tiene respecto de lo que sucede. Esta condición afecta muy seriamente tu capacidad de interpretar objetivamente los hechos y por lo tanto, te complica la tarea de encontrar soluciones. Lucha decididamente por hacer una lista de hechos, no de tus interpretaciones respecto de ellos. Imagínate que el cambio que se te complica manejar es que ahora que haces “Home Office” tus jornadas laborales son mucho más largas que en el trabajo presencial. Algunas preguntas, y posibles respuestas, que puedes usar para conseguir este propósito son las siguientes:

  1. ¿Qué es lo que está ocurriendo? “Estoy permaneciendo más horas conectado al trabajo. No estoy encontrando tiempo suficiente para atender mis obligaciones familiares”.
  2. ¿Qué es lo que no estamos comprendiendo de la situación? “No estoy midiendo adecuadamente el tiempo que dedico al trabajo desde casa ni las pausas en las que atiendo temas de casa durante la jornada laboral.”
  3. ¿Necesito más información para tomar decisiones adecuadas? “Voy a hacer un mapeo de los tiempos dedicados a las diferentes actividades, hora a hora por lo menos durante una semana.”
  4. ¿Qué está fuera de mi control? “Tengo interrupciones de Internet que son frecuentes y ello afecta mi actividad laboral.”
  5. ¿Qué puedo hacer ahora mismo para sentirme mejor respecto del problema que he detectado? “Puedo ser más preciso al establecer “normas de conducta en casa” durante el horario de trabajo, para minimizar interrupciones.”

Una vez que hayas concluido tu investigación respecto del problema, muy probablemente tendrás mayor claridad en los hechos que la ocasionan y quien sabe si hasta una idea para empezar a adaptarte al nuevo entorno.

Concentra tus preocupaciones

Ponte a pensar en algo por un instante. Trata de recordar todas las preocupaciones que te han asaltado digamos en los últimos 12 meses y haz una lista con ellas. Ahora, señala en la misma lista cuáles de los hechos que te preocupaban realmente ocurrieron. Te darás cuenta de que un porcentaje muy bajo. Sin embargo, la mayoría de nosotros tiende -sobre todo en situaciones de cambio- a pintar escenarios catastróficos de lo que puede ocurrir con nosotros a consecuencia de ello. Esto es tan cierto que hasta el escritor Mark Twain solía expresar:

“En mi vida, he tenido que atravesar por cosas terribles, algunas de las cuales de verdad sucedieron.”

Las excesivas preocupaciones afectan severamente a nuestras células cerebrales, debido principalmente a que dichos estando alterados nos hacen segregar cortisol, que es la hormona con la que enfrentamos las crisis. Es por eso que debemos desarrollar al máximo nuestras habilidades para interpretar y decodificar las señales: ¿Realmente son señas de peligro? ¿De veras que estoy en peligro? ¿Qué es lo peor que podría suceder si algo como lo que me preocupa llega a suceder? Después que ocurra eso que me preocupa ¿qué es lo siguiente que va a suceder?. Este tipo de preguntas te ayudan a tipificar adecuadamente los eventos futuros y a darte cuenta de que muchos de ellos realmente no merecen nuestra preocupación ni nuestra atención. Por otra parte, el preguntarte ¿Y después que va a pasar? Te permite “desbloquear” recursos adicionales, tanto en tu interior como en tu entorno, para poder diseñar una solución, un plan B en caso de que alguno de tus peores temores se haga verdad. Y eso es una gran ayuda para ganar tranquilidad

Amplia las fronteras de la información

Muchas veces no se trata de recabar solamente la información directamente relacionada con el problema. Cuanto más información tengas sobre los temas que podríamos llamar colaterales o accesorios, mayor será tu capacidad de entender y de plantear soluciones viables. Es muy importante tener en cuenta que entender las causas de los problemas y de ese modo, familiarizarte con la necesidad de introducir cambios, puede ser de gran ayuda en la tarea de lidiar adecuadamente con ellos. Lo que sucede usualmente es que los cambios drásticos, sobre todo si son inesperados, lo que hacen es disparar nuestra respuesta de “Pelear o Huir” (que fue el tipo de respuesta que aprendimos como humanos primitivos y que seguimos teniendo ante eventos desagradables. Cuando somos presa de esta respuesta, automáticamente dejamos de pensar de forma lógica, la adrenalina nos inunda y nos vemos atrapados por una reacción como si nuestra vida estuviera en peligro, aunque no lo esté realmente. Es por esa razón que debemos ser capaces de darle tranquilidad a nuestra mente, racionalizando al máximo nuestro análisis e incluyendo la mayor cantidad de elementos de juicio. Algunas preguntas (y posibles respuestas) que puedes usar para conseguir este propósito son las siguientes:

  1. ¿Qué es lo que está cambiando? “Los tiempos de crisis me demandan más tiempo de atención al trabajo. Es razonable que se requiera de horarios extendidos.”
  2. ¿Qué elementos nos han llevado a este punto? “La mayor parte de personas ha sido afectada en su capacidad de compra por la crisis. Es necesario redoblar esfuerzos para que las ventas no caigan a límites insostenibles.”
  3. ¿Qué cosa pueden ocurrir de modo específico debido a esta nueva coyuntura? “En la medida en que nuestras ventas caigan, la posibilidad de perder nuestro empleo debido a cierres es mayor. Si yo logro ordenar mis responsabilidades extra laborales, podría dedicar algunas horas adicionales al trabajo.”
  4. ¿Qué otras personas podrían verse afectadas por la situación? “Directamente todos los que viven en mi casa por la reducción del ingreso familiar. Tenemos que enfocar esto entre todos y cada uno contribuir de la mejor manera a sostenernos mientras dure la crisis.”

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