Mi abuela, visionaria y experta en soft skills

Siempre que tengo que contar esta historia, empiezo diciendo que mi abuela nació en Macondo, pero eso no es verdad.

Mi abuela nació en Monsefú, a fines del S. XIX y era una experta en habilidades esenciales.

Monsefú es una localidad en la costa norte peruana, que en ese tiempo no sumaba más de 700 habitantes y que dista unos 15 km de la ciudad capital de la provincia. No de Lima, capital del país, ojo, que queda a casi 800 km al sur del teatro de los acontecimientos.

Evidentemente, la dichosa población no estaba ni remotamente cerca del foco principal del movimiento tecnológico y la civilización de su tiempo. Mis ancestros, como los demás habitantes del pueblo, llevaban una vida apacible y alejada del mundanal ruido.

Tal y como los Buendía y sus amigos en Macondo.

Por lo tanto, en 1890, era obvio que la gente de Monsefú no estaba precisamente al día en lo que a competencias requeridas para desarrollarse en la Sociedad de la Información se refiere. Lo más probable es que no tuviesen ni puta idea del asunto.

Sin embargo, fue mi abuela quien me dio una de las primeras lecciones de soft skills (mal llamadas habilidades blandas) que recibí durante mi tierna infancia, la misma que les voy a compartir de inmediato.

La lección es como un caldo concentrado de conocimiento y sabiduría ancestral. A mí me ha ido genial practicándola y compartiéndola.

Y dice así:

“Dios te dio dos orejas y dos ojos, pero solo un hocico, hijito…”

Si, bueno, mi abuela no era un dechado de ilustración y usaba un lenguaje un poquito – ¿cómo decirlo? – colorido y enérgico, pero si vas al fondo del asunto, descubrirás la sabiduría.

Para entender y descifrar los temas, usemos el método de Jack el Destripador.

Vamos por partes…

“Dios te dio dos orejas”

Lo que mi abuela te sugiere es practicar la escucha activa. Si eres capaz de ser buen oyente en un diálogo, debate, conversación o refriega, serás capaz de entender antes y mejor los puntos de vista, intereses y motivaciones de aquel que tienes al frente. Por lo tanto, tendrás ventaja en cuanto a tu capacidad de proponer soluciones y alternativas mutuamente satisfactorias.

Es una suerte de versión “vintage” de lo que años después Stephen Covey enunciaría como su quinto hábito: “Procure comprender antes de ser comprendido”. Quien escucha con atención es capaz de entender y de ponerse en los zapatos del otro. Comprender el punto de vista del interlocutor para poder así identificar la fuente del conflicto (Centrarse en los intereses, no en las posiciones) o la diferencia que motiva la discusión.

Ello te da una enorme ventaja, y te evita perder tiempo en debates estériles, ayudándote a ganar la buena fe de quienes mantienen eventuales diferencias contigo.

“Dos Ojos”:

Según Fredy Kofman, el Talmud dice: “No vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos”. Alude a que allá afuera está la realidad, pero lo que percibimos de ella es apenas lo que nuestro cerebro reconstruye, a partir de la información fraccionada que le entregan nuestros sentidos. En este proceso de reconstrucción juegan un rol fundamental nuestros modelos mentales.

Por lo tanto, dos personas viendo exactamente una misma situación, pueden perfectamente percibir cosas diferentes: “El discurso del presidente fue magnífico” dirá uno, mientras que otro opinará que el presidente es un funcionario de ínfima categoría que no sabe ni siquiera expresarse.

Ambos suelen estar convencidos de que su punto de vista es el único razonable. No hace falta ser muy avispado para entender el enorme potencial generador de conflictos que esto supone.

Pues bien, el consejo de la abuela en este caso nos invita a entender que si somos conscientes de que todos observamos la realidad desde una perspectiva muy personal y nos esforzamos en entender que puede haber otros modos perfectamente válidos de hacerlo, podremos aprender a pensar de modo diferente, modificando nuestros modelos mentales. Es decir, si cambias tu modo de ver las cosas, puedes cambiar tu modo de pensar. Esto sí que es un súper poder. ¿No crees?

Tercera y última: “Un solo hocico”

Excusando la terminología más bien veterinaria que usaba la abuela, queda claro también el mensaje.

Si ponemos mucho cuidado en recibir información para procesarla a través de ojos y oídos, debemos ser también extremadamente pulcros al emitir opiniones, juicios, declaraciones y observaciones al hablar. Recuerda que “Por la boca muere el pez”, lo que describe las enormes capacidades del lenguaje para influir positiva o negativamente a las personas que nos rodean.

La comunicación verbal (y también la no verbal, aunque ello es materia de otro artículo) tiene un conjunto de reglas, preceptos y normas que hay que tener en cuenta si quieres lograr que se te entienda con claridad, conseguir tus propósitos, asociar y alinear a los miembros de tu equipo, influir positivamente en cuantos te escuchan y lograr un ambiente de cooperación y acción conjunta que te ayude a alcanzar objetivos.

Recuerda entonces, tenemos dos oídos y dos ojos, pero solamente una boca. Utilicemos con prudencia estas herramientas.

Si quieres aprender más de cómo prepararte mejor para enfrentar la nueva normalidad y el distanciamiento social, gracias a lo cual tendrás que mejorar mucho tus capacidades de comunicación interpersonal, tanto en lo que a tu vida personal se refiere, como en tus relaciones personales, he preparado un curso en el cual tratamos a fondo dichos aspectos. Se llama “Soft Skills para el Liderazgo en la Nueva Normalidad” y está disponible para ti en LOS SKILLS.

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Escrito por Francisco Grillo

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