La paciencia, una cuestión de vida o muerte

Corría el verano del año 1969. Era la época del Festival de Woodstock en Nueva York. En esa misma época, al otro extremo del país, en California, Walter Mischel, profesor de la Universidad de Stanford desarrollaba su “Experimento de los Marshmallows” con un grupo de niños pequeños.

Se seleccionó a un grupo de niños de la misma edad y que residían en la misma área geográfica y se les sometió a la siguiente prueba: A cada niño se le dejaba solo en una habitación, con un marshmallow y se le decía que podía comérselo si quería o esperar 15 minutos. Si no se lo comía en dicho lapso, recibiría otro. Algunos niños resistieron el desafío, otros no lo lograron.

El hallazgo más interesante de este experimento fue que, se constató que los niños capaces de posponer la recompensa inmediata en pos de una mayor en el futuro; lograron tener una vida educativa, personal y profesional más exitosa que los otros.

Veamos ahora una situación mucho más reciente: Desde inicios de 2019 la humanidad está sometida a una situación complicada: Distanciamiento, prohibición de actividades multitudinarias, restricción de viajes, impedimentos de entrada y salida de ciudades, regiones y países. Lo más difícil es que de acuerdo a las fluctuaciones de las cifras de contagios y fallecimientos las medidas van en un franco tira y afloja: Cuarentenas, semi cuarentenas y liberaciones entran y salen de escena a medida que la cosa avanza o retrocede.

Entonces, hay gente que ya simplemente no se aguanta más: Se siente urgido por salir, por ir a fiestas, por hacer turismo, por hacer compras en centros comerciales y muchas otras formas de interacción humana en lugares y situaciones que ahora son muy peligrosas.

Y entonces ocurre la paradoja: Al igual que los niños de Standford de mediados del s XX. algunos son capaces de posponer la recompensa de corto plazo (Las salidas, paseos y reuniones) en función de una recompensa mayor (Cuidar su salud y no poner en riesgo a los mayores de su casa).

No debería extrañarnos que las consecuencias de esto sean básicamente las mismas que en el experimento de los marshmallows: Tendremos un futuro en el que algunas personas podrán seguir creciendo, desarrollando y consiguiendo éxitos y otros que tendrán algunas secuelas complicadas de salud o simplemente, ya no estarán con nosotros.

La diferencia es que los niños de Stanford eran unos pocos, pero aquí estamos hablando casi de toda la humanidad.

Mientras no tengamos vacunas operativas aplicadas masivamente y con éxitos comprobados en términos de inmunizarnos contra el virus y sus variantes, la humanidad va a tener que continuar en la situación en la que nos encontramos. Por lo tanto, va a requerir cultivar esta soft skill que de modo natural tenían los niños que fueron capaces de esperar: Fuerza de voluntad o su aplicación práctica: Paciencia.

Aumentar la paciencia

Los naturalmente impacientes sabemos que es mucho más fácil decirlo que conseguirlo. Sin embargo, a lo largo de mi vida pude aprender a incrementarla hasta -creo yo- haber llegado a un punto bastante aceptable.

Te comparto los consejos que a mi me fueron muy útiles para llegar a semejante nirvana de mansedumbre:

Reconoce los efectos de la impaciencia

En el momento en que la impaciencia te ataque, observa lo que te impacienta y pregúntate:

  • ¿Tengo control sobre la situación? Si no es así, ¿sobre qué tengo control en este momento?
  • ¿El sentimiento de impaciencia está ayudando o agravando el impacto de la situación?
  • ¿Qué emoción o estado de ánimo sería más útil, en lugar de la impaciencia?

Oblígate a esperar

La mejor manera de practicar la paciencia es esperar. Esperar las cosas en realidad nos hace más felices a largo plazo, según algunos expertos. Comienza con algo pequeño como esperar unos minutos más para beber ese batido y luego pasa a algo más grande. Empezarás a tener más paciencia a medida que practiques.

Deja de hacer cosas que no son importantes

Todos tenemos cosas en nuestras vidas que nos quitan tiempo de lo que es importante. Una forma de eliminar el estrés de nuestras vidas es dejar de hacer esas cosas. ¿Es realmente así de super necesario que te subas a ese avión, te reúnas físicamente con esos amigos o vayas a esa fiesta con cientos de personas desconocidas? Tómate unos minutos y evalúa todas esas cosas que te parecen necesidades urgentes. Ponlas en una balanza y solo después de ello decide si las haces o no. Trata de eliminar un par de dichas necesidades que descubras que no son tan importantes, pero que requieren tiempo. Es hora de aprender a decir no a las cosas que no son estrictamente importantes de hacer.

Sé consciente de las cosas que lo hacen impaciente

La mayoría de las personas tienen varias tareas en la cabeza y pasan de un pensamiento a otro sin tomarse el tiempo para terminar una tarea primero. Vivimos vidas interrumpidas mientras intentamos realizar múltiples tareas y es frustrante cuando sentimos que no estamos progresando. Es mejor estar atento a nuestros pensamientos y la mejor manera de entender esto es escribir lo que te impacienta. Esto te ayudará a reducir la velocidad y concentrarte en una tarea a la vez y eliminará aquellas cosas que te estresen.

Relájate y respira profundamente

Este es un tema que tiene suprema importancia. Respirar lenta y profundamente puede ayudar a calmar la mente y el cuerpo. Esta es la forma más fácil de ayudar a aliviar cualquier sentimiento de impaciencia que estés experimentando. Si la respiración no ayuda, creo que dar un paseo, escuchar 10 minutos de música calmada, o mirar por la ventana, simplemente para despejar la cabeza puede ser útil para volver a concentrarse en lo que es importante. El punto es encontrar algo de tiempo para que te relajes cada día.

Si quieres saber más sobre cómo mejorar tu paciencia, escríbeme a The Skills Dude y con gusto hablaré contigo al respecto. Entre tanto, no olvides seguirnos en redes sociales. Estamos como @theskillsdude en Linkedin, Instagram y Facebook y compartimos mucho contenido de valor para ayudarte a alcanzar tus sueños. También puedes ver nuestros canales de video en Youtube y Tiktok. Si ves algo que te gusta, me ayudas si le das “me gusta” y lo compartes.

Escrito por Francisco Grillo Arciniega

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