¿Qué es lo crítico del pensamiento crítico?

Mi padre amaba París.

Nunca estuvo allí, pero lo conocía de cabo a rabo, mucho antes de Google Maps, Tripadvisor o Youtube. Era muy frecuente verlo ocupar sus tardes recorriendo con el dedo una guía de calles de la Ciudad Luz que guardaba como uno de sus tesoros más preciados, deteniéndose en los puntos más emblemáticos: Place de L’Etoile, Museo de Louvre, Torre Eiffel, Moulin Rouge, al tiempo de hablarnos de las maravillas que allí podrían verse y de lo bien que la pasaríamos cuando al fin pudiéramos visitarla de verdad.

Sí, su mayor sueño era viajar a París y conservaba con afán un fondo de ahorros para financiar la aventura para cuando se jubilara.

Un día, viendo su fecha de jubilación cerca, tomó una decisión arriesgada e inusual para un conservador como él: Sin consultarlo con nadie, invirtió el 100% del dinero que tenía guardado con el fin de hacerlo crecer y así multiplicar el bienestar y la diversión del paseo.

Como destino de la inversión, eligió una empresa que estaba ofreciendo pagar retornos fantásticos en muy corto plazo. Toda la ciudad estaba hablando de dicha compañía; era liderada por un grupo de personas de aspecto respetable y los “inversionistas” que se habían beneficiado de esta “máquina” de producir dinero, se contaban ya por miles. La gente colmaba las oficinas de la firma, todos buscando entregarles alegremente su dinero para verlo multiplicado hasta el paroxismo. ¡No había cómo perder!

Y, sin embargo, perdió.

La empresa fue clausurada por las autoridades poco después por estafa. Se trataba de un “Esquema Ponzi”o “Pirámide”, que consiste en pagar rendimientos a los aportantes antiguos con los fondos que entregan los nuevos ingresantes al sistema.

Cae por su propio peso que mi padre no pudo recuperar ni un centavo de lo que depositó, junto con otros 20,000 “Inversionistas” que también perdieron todo su dinero.

Y así, pasó el tiempo y mi padre murió sin conocer París.

Siempre me intrigó mucho como una persona preparada (Mi padre era médico, por lo tanto, formado en el método científico de investigación) había podido caer con tanta facilidad en los cantos de sirena de quienes ofrecían ganancias imposibles y probablemente no haya una respuesta única y definitiva.

Lo que queda claro es que no utilizó en forma adecuada sus habilidades de pensamiento crítico al tomar tan terrible decisión.

Hoy a diario, la prensa latinoamericana nos trae noticias de políticos, funcionarios estatales y líderes de empresas privadas que son perseguidos por la justicia por actos de corrupción asociados a las operaciones de infraestructura pública. Claramente, todos tomaron decisiones muy malas, guiados por un proceso mental similar al de mi padre: Poca información, sesgos de pensamiento, pobre inferencia sobre causas y efectos, muy poco uso de la lógica y mucho peso de emociones en el proceso decisorio, entre otros factores.

Lo que más me preocupa es lo poco que la mayoría de nosotros nos dedicamos a mantener “afilada el hacha” de nuestro propio pensamiento crítico. Quizás demos por hecho que tan garrafales errores solo los cometen otros y que nunca nos va a suceder algo semejante.

Tengamos en cuenta que la auto-complacencia y la soberbia son muy malas consejeras.

Abundante evidencia demuestra que -especialmente en el plano empresarial- los mayores desastres ocurren porque las personas que integran las compañías son incapaces de ver con suficiente anticipación lo que está ocurriendo e inferir adecuadamente las consecuencias que pueden derivarse de ello. Los ejemplos además abundan:  ¿Qué compañía de música pudo prever lo acontecido con Spotify? ¿Quién en el negocio de las películas lo que está sucediendo con Netflix? ¿Qué banco anticipó a las Fintech?

Vivimos tiempos de alta complejidad en los que es obligatorio que todos en las organizaciones seamos capaces de tomar decisiones adecuadas, siguiendo un correcto acopio de información, interpretando de forma objetiva la misma y evitando ser víctimas de nuestros sesgos de pensamiento.

Por estas razones, el pensamiento crítico es una de esas habilidades o “soft skills” y que -al igual que otras- tiene una importancia fundamental.

Se define como la capacidad de analizar objetivamente una situación o problemas, así como de los hechos, datos y evidencias asociadas a aquellos. Se apoya en el uso de la lógica para tomar decisiones fundamentadas en hechos e información de fuente confiable, sin la influencia de sentimientos personales, opiniones o prejuicios.

Ahora bien, es más fácil enunciarlo que ponerlo en práctica. Hace falta ser consistente en entrenar y generar en nosotros el hábito del pensamiento crítico. Debemos detenernos a pensar en la manera cómo pensamos, para poder así detectar nuestras oportunidades de mejora.

Afortunadamente, hay algunos consejos valiosos que podemos seguir para lograr mejorar nuestra capacidad de pensar críticamente.

Así, Helen Lee Bouyges, nos sugiere desarrollar tres hábitos más o menos sencillos:

  1. Cuestionar los supuestos que damos por hecho al tomar decisiones (Cuando no sabemos la razón de algo, la asumimos y estas asunciones y supuestos pueden ser muy peligrosos.
  2. Ser rigurosos con el uso del pensamiento lógico (Nuestro cerebro no es muy bueno separando razón de emociones, así que ¡Cuidado!).

  3. Buscar personas con pensamiento diferente al nuestro para contrastar nuestras inferencias (Que no son tus amigos de Facebook, ten en cuenta que las publicaciones que te presentan las redes sociales en tu muro están sesgadas por tus propias preferencias).

Además de ello, es aconsejable evitar tomar decisiones cuando estemos fatigados; ser cuidadosos con la distracción permanente en que parece sumirnos la era de hiper-información que vivimos y la tentación de manejar varias tareas en simultáneo; y, recabar información suficiente para la decisión, evitando caer en la parálisis por análisis.

Utiliza estos consejos para que puedas mejorar tu habilidad de usar el pensamiento crítico. Si necesitas de ayuda para echar a andar tu propio plan personal de desarrollo sobre estas materias, no dudes en escribirme a francisco@theskillsdude.com o de agendar conmigo una mentoría personalizada haciendo clic en el siguiente link.

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Escrito por Francisco Grillo

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